Cambios
Hacía rato que acá no tocábamos el tema de la innovación y la creatividad.
Bueno, hay veces en que un concepto puede ser transmitido con mucha más fuerza, elocuencia y, lo que es más importante, eficacia, si se usan imágenes más que textos. Esta cuestión, que alude a las diferentes configuraciones del soporte significante utilizado para la comunicación, muchas veces es soslayada sólo en función de un aspecto estético que, sin ser necesariamente secundario, no es (ni puede ser) el más importante. Dicho en criollo: no por bello tiene que ser eficaz.
Sin embargo recién ví un video (lo encontré en el blog de Dolores Reig), hecho en animación 3D, que cumple (a mi entender) con ambas cuestiones: la eficacia comunicativa (creo que transmite perfectamente el concepto central de la cuestión) y la belleza, porque además es agradable de ver y está bien hecho. Pese (o a causa de) su simplicidad. El director es el español Daniel Martínez Lara.
En este punto yo prefiero que lo vean, así mis comentarios quedan en contexto.
El concepto podría ser la innovación. “Changes” (cambios) se titula el video y en este sentido es más que elocuente. Viejas y (a veces) gastadas formas de hacer las cosas que ya nadie cuestiona, lo rutinario, lo igual a sí mismo: cosas que todos hemos visto varias veces y envarios ámbitos de nuestra vida. Pero creo que donde quizás sea más útil (y utilizable) la sugerencia de este pequeño relato sea en la empresa.
Hay mucho “ruido” en la blogósfera cuando se habla de “empresa 2.0“.Sin embargo hay cosas que son muy simples: en parte, una de las dimensiones de la esencia de lo “2.0″, más allá del marketinero y motivador nombre que se le ha puesto, sea el concepto de innovación, justamente.
Pero hay algo que muestra el video que muchas veces en el ámbito empresario es algo que se soslaya en aras de los comportamientos “políticamente correctos”. Habrán notado cuál es la actitud que posibilita el hallazgo innovador en el personaje de”Changes”: la actitud de rebelarse contra lo establecido. Más allá de que, efectivamente, ninguno de nosotros la va a emprender a los saltos sobre nuestro maletín (o nuestra PC, por poner ejemplos de cosas que usamos en nuestras oficinas), sí es cierto -me parece- que no hay innovación posible si no partimos de una actitud de “rebelión”, por más que esto suene, a priori, feo.
Cuestionamiento, rebelión, cambio
La primera pregunta que me surge es: ¿rebelión contra quién? Y la primera respuesta que se me ocurre es que esa pregunta está mal planteada. Creo que en realidad la cuestión, para empezar, se puede desdoblar en dos.
Primero, que la aludida “rebelión” es en realidad una consecuencia de algo anterior, no la causa profunda de un cambio, de una innovación.
Segundo, que la tal “rebelión” no está (o no debiera estar) dirigida contra alguien, sino contra algo.
¿Consecuencia de qué es la rebelión? ¿Y contra qué se dirige? Pienso que es consecuencia de lo que yo llamaría capacidad cuestionadora, y se dirige contra algo que, para entendernos, llamaré “lo establecido“, entendiendo por eso todo aquello que pueda recibir los nombres de costumbre, rutina, procesos que históricamente resultaron eficaces, modos de enfocar los problemas y las situaciones, etcétera.
Como se verá, hay un sinfín de cosas que podrían caer bajo el cono de luz del cuestionamiento. Pero creo que lo importante es que éste tiene que ser fundamentalmente psicológico, y debe tratar de captar la esencia de las cosas: de nada sirve, por ejemplo, centrar el cuestionamiento sobre la autoridad. Lo importante no es cuestionar al jefe, sino -en todo caso, y con diplomacia, claro- cuestionar los pensamientos, sean del jefe o de quien sean, que creamos que son una barrera para el pensamiento innovador.
La clave de la capacidad innovadora puede consistir simplemente en mantener (u obtener, depende del caso) la capacidad de preguntarnos por qué las cosas se hacen como se hacen, por qué existen las costumbres que existen o por qué pensamos que está bien o es correcto hacer las cosas como se vienen haciendo.
Muchas veces, las soluciones y las buenas ideas están tan a la vista que, por eso mismo, no las podemos ver.
A modo de post-data: el video fue inspirado en Quino, el querido autor de Mafalda.
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