Algo más sobre la web 2.0
Soy un convencido de que nunca hay que perder de vista el sentido crítico. Para todo.
Es verdad que quienes somos “tecnófilos” muchas veces nos dejamos encandilar por las “buenas nuevas” que traen las nuevas tecnologías (que las traen: pensemos los beneficios, por ejemplo, que aparejó la llegada del e-mail).
En el mundo empresarial hace un tiempo que se viene hablando (y en algunos casos estudiando) el fenómeno conocido como “web 2.0″. Que no es una tecnología ni un conjunto de tecnologías: es más bien, para decirlo en pocas palabras, una forma de concebir Internet (o “una actitud”, diría Enrique Dans), que a la postre sí genera, como resultado, la aparición de ciertas herramientas y servicios que erróneamente pareciera que la definen.
El punto, en mi opinión, es la fascinación por la herramienta antes que en la reflexión acerca de su utilidad. Quizás sea una de las razones que origina uno de los temas que señala Genís Roca acerca de cierta soberbia que nos invade cuando hemos comprendido “la potencia del significado de la web 2.0″. Dice que “Web 2.0 es un nombre que supone que hemos accedido a un nivel superior. Vamos por delante y miramos con una cierta compasión a los obsoletos 1.0. Nos sentimos conocedores de la verdad y evangelizamos sobre la buena nueva.”
El post de Genís Roca de donde saqué la cita me parece muy bueno porque tiene mucha relación con la necesidad de poner los pies en la tierra a la hora de pensar –nada menos– que en la rentabilidad de los proyectos de Internet: más aún si son “2.0″. Y esto es particularmente cierto a la hora de emprender un proyecto.
Muchos recordamos aún (yo era el responsable de la Prensa de Terra Argentina en esa época) la tristemente célebre explosión de la burbuja punto com de fines de los 90. Aquellos eran tiempos donde aparentemente la clave del éxito consistía en lanzar un emprendimiento en Internet. La tan mentada “nueva economía” parecía prometer la solución para viejos inconvenientes (o, incluso, riesgos) relacionados con las fuentes de financiamiento, las estrategias para alcanzar rentabilidad (o, al menos, salir de los “números rojos” con un EBITDA que no fuera negativo) e, inclusive, los modelos de negocio.
La realidad, como siempre, se encargó de poner las cosas en su lugar. Estaría bueno que las viejas experiencias del pasado sirviesen (como de hecho creo que sirven) para no caer en encandilamientos como aquel.
















