Ser o Tener. Dominios de Internet que no se pueden conseguir
Hay alguna realidad que no se puede negar. Cuando un mercado nuevo surge, son más los que buscan formas de hacer dinero rápido con él, que los que buscan cómo hacer crecer al recién nacido “mercado”. Con Internet no es diferente. Una vez que más o menos se entendió cómo se movía la gente en Internet, es decir, a partir de los DNS (Domain Name Servers) se comprendió que había un gran poder en poseer esos nombres. De la misma manera que hay poder en poseer ciertas marcas.
En 1996 uno podía fácilmente revisar si, por ejemplo, alguien ya había registrado el sitio www.China.com y si nadie lo había hecho, bien podía esa persona registrarlo para sí.
Esperando obviamente que China, o alguien en China, o una empresa de turismo de China, o Abelardo Rodríguez de la Peña (que es alguien que acabo de inventar) se interesasen en el sitio y quisieran comprarlo. Ergo, dinero fácil.
Luego la cosa se bifurcó un poco, con una rama legal la de los sitios de venta de Dominios (que los hay de todos los colores y sabores, con proveeduría de “hosting” o no, etcétera), y una rama ilegal, por fuera del mercado de marcas y dominios con chantajes o hasta con amenazas de difamación pública (nótese que si el señor X es dueño del sitio “marca.com” y en él figuran cosas que a Marca no le gustan no tiene nada que hacer, salvo comprarle al señor X todo el paquete).
En última instancia están los riesgos que se asumen cuando uno tiene un sitio exitoso, ya que existen variadas formas de robar un dominio para redireccionarlo a otro. Estos ataques son muy molestos y difíciles de controlar aunque no es imposible hacerlo.
El caso de Firefox.com es interesante. El sitio ya existía antes de que el navegador estuviera en el mercado, pero cuando finalmente Firefox necesitó el dominio para su sitio web, el dueño del sitio permitió que el navegador se alojara en su DNS. Hoy por hoy Firefox.com redirecciona a una página de mozilla.com.
El caso más grande de venta legal de un sitio web es el de Altavista.com, que se vendió en sus inicios por un millón de dólares. El mercado relacionado con el mundo de la publicidad y el comercio asociado con Internet comenzó a quejarse y finalmente cuando un simpático muchacho intentó venderle juliaroberts.com a Julia Roberts, la Suprema Corte de los Estados Unidos dictó que aquellas personas o compañías cuyo nombre sea –o esté contenido en– el DNS tienen de entrada los derechos sobre el dominio (algún abogado que nos ilumine diciéndonos cómo es la cosa en la Argentina porque yo no encuentro nada que me quede claro).


